Ganadores IV Concurso Internacional de Escritura Creativa “Skribalia” (Poesía)

Ganadores IV Concurso Internacional de Escritura Creativa “Skribalia” (Poesía)

Con mucho entusiasmo, les presentamos los cuatro poemas de nuestros ganadores del IV Concurso Internacional de Escritura Creativa “Skribalia!”.

¡Muchas felicidades!

PRIMER LUGAR

 

El grito

Por: Ausencia

“Pienso a veces que ha llegado la hora de callar,

pero el silencio sería entonces

un premio desmedido,

una gracia inefable

que no creo haber ganado todavía”.

Álvaro Mutis

 

Kurt lo entendería,

él sabría del llanto que nace

en la boca del estómago:

el grito ahogado, la furia.

Las palabras descansan en el vientre.

Las palabras estallan en la boca

cuando se devuelve el mundo

que no pudo digerirse.

 

La paz no existe cuando el ácido

acaba todo rezago de silencio

y necesita romperse el efecto

del veneno corrosivo, con la voz,

el grito hablando en acordes

a través de la guitarra rota,

las libretas de los garabatos.

Las libretas de una sola pieza,

en que buscas unir

el ser desperdigado en

los suelos y los días.

 

Intentas entenderlo todo y no eres más

que la viñeta, nudo en la garganta ronca:

monstruo, tu única defensa es el grito

 

escribir canciones para calmar

esta hambre de cordura.

 

Sugey Navarro (Colima, México, 1991). Becaria de INTERFAZ 2016. Ha compartido su trabajo poético en lecturas públicas, el proyecto radiofónico “Poesía colimense en Universo 94.9” y en el Mes colimense del Teatro 2016. Además ha publicado en las revistas: Huraño, Materia Escrita, Pez Ciego y fue incluida en la Antología virtual de poesía contra la violencia, de Bitácora de Vuelos. Desde 2017 escribe “Divagaciones de una mente sin reposo” para el suplemento cultural semanal de la Universidad de Colima.

 

 

SEGUNDO LUGAR

 

Cinco haikus

Por:  Sayuri

 

Cantan chicharras…

Las semillas del tilo

prendidas del pelo.

 

Cielo nublado.

Al fondo, sobre el mar

un claro de nubes.

 

Crepitar de hojas.

En la copa de las hayas

el sonido del viento.

 

Bosque de secuoyas…

En la penumbra -dispersos-,

los rayos del sol.

 

En eclipse parcial,

luna llena de agosto….

¡Ninguna perseida!

 

Ana Mª López Navajas (Albacete, España). Profesora de enseñanzas medias. En relación con el mundo de la literatura, premiada en el Certamen Poético Francisco Coll. en 2002, en el concurso “Haiku por Japón: Samurai Hsekura” en 2013. Ha participado en Sol de Invierno Ediciones Que vayan ellos. Antología de Haikus de la Agha 2011 y Antología Haiku por Japón: Samurai Hasekura 2013 entre otras publicaciones, exposiciones y artículos. 

 

 

TERCER LUGAR

 

Soplo verde

Por: El que espera al lobo

Lo que deseo aún no tiene nombre.

Clarice Lispector

Un suspiro en el aire

que levanto cada día,

cada ausencia,

cada copa frente a tus pies.

 

Una puerta,

quizás se abra el sol sobre tus párpados,

quizás, sople.

 

Se trata de un párpado,

de lo que pasa frente a él,

de lo que conserva,

de lo que ahora sale.

 

Susurrarte, siempre.

 

Un plano:

lo estrecho de la calle,

de la distancia entre un guiño y otro.

Déjalos hablar.

 

Un par de pasos,

breves, manchados,

un atisbo verde que le cubre.

 

La falta de sombra, de sombras.

Una sola luz

al caer de cada movimiento.

 

Premura, sí.

 

Premura, sí.

 

La espera

tan larga,

tan posible.

 

Y el abrir de la puerta

devolviendo el susurro.

 

Eduardo Samuel Rivero Reyes (CDMX, México, 1992) Egresado de la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ganador del tercer lugar en el primer certamen internacional de poesía “Ayotzinapa a tres años: poesía, verdad y justicia” convocado por la Universidad Iberoamericana. Con “Castalida” se encuentra antologado en Químicas Sanguíneas (UCSJ-EBL intersticios 2016). Desde 2013 ha participado de forma constante en ferias de libro impartiendo talleres de creación literaria.

 

 

MENCIÓN HONORÍFICA

 

El albor de los planetas

 

Por: Meteorix

 

Su pequeño cuerpo desea la almohada y cae pausadamente de espalda sobre la cama como la más blanca pluma del caladrius flota en el espacio al ritmo en que los planetas de Holst danzan. Y es con la melodía de Venus con la que sus ojos se pliegan en nocturnos pétalos de amapolas y su espíritu atraviesa los astros que se aglutinan en cuerdas como líneas de sonoros xilófonos entre los cuales salta e interrumpe el silencio que envuelve y congela el mítico Universo. Urano, el mago despierta y llama al niño, lo toma entre sus brazos y con la música de un gong y de dulces y brillantes racimos de campanas lo arrulla hasta que sucede el primer sueño.

 

Sueño 1.

Parado en la costa, el pequeño observa el horizonte donde las corrientes de agua se confunden con el paraíso, los astros caen sobre las mareas, y las gaviotas extraviadas se alejan, mas sus alas permanecen unidas al mar donde describen ondas que avanzan en dirección a la morada de los Dioses quienes atiendan y aminoren sus pesares de entes voladores, graznan todas al mismo tiempo y Marte se levanta en guerra, de su interior toma el hierro con el que edifica acanaladas columnas para separar al nocturno mar de la luz celeste que emana del devenir perpetuo. Fobos y Deimos lo acompañan en silencio, y las aves remontan el vuelo en giros cubriendo con sus alas las astas de fierro, como castillos emplumados que emergen en el viento.

 

Sueño 2.

El Sol manda a su mensajero, Mercurio, quien arrastra en una pesada caja de rojizo nogal embalados los rayos del astro por la mañana para que el niño enjuague su cara. Mercurio de su marchita tierra arranca una flor languideciente y con sus pétalos acartonados adorna el cofre con mucho cuidado para evitar que la luz huya en busca de un sereno rincón. Conmovido el niño le entrega a Mercurio un océano dibujado en papel con el que hidrate sus desolados y exánimes bosques. Y Mercurio ruega al niño sea su piélago y ahí derrame sus ojos pintando de verde los valles y los cráteres y por reflejo de cetrino se tiña su atmósfera de disimulado amanecer. El niño contempla el Orbe desde un planeta contiguo al imperturbable sol.

 

Sueño 3.

Hace mucho tiempo el mar era verde y de su fondo se levantaban castillos de blanco titanio forrados de péndolas y grandes pérgolas que atravesaban el océano y atrapaban el vapor de agua evitando su fuga al espacio. Sobre las aguas caminaba un niño y el reflejo de su mirada narraba el tono con el que vestía el cielo y el ponto y al cerrar los ojos la noche caía y al abrirlos amanecía de nuevo.

Cuando Mercurio descansaba gozoso, Júpiter apareció entonando un estruendoso “bip” atrayendo al crio arrebatándole una risa al vibrar el sonido sobre su piel; la risa se transformó y se materializó en un blanco y melenudo gato. El niño abrió el cofre de madera y tomo la luz con la que bañó al felino y del lomo del minino aparecieron enormes y albinas alas. El niño montó al gato y emprendió un largo vuelo. Mercurio melancólico deseo volver a ver a ese niño en otro sueño y en su mano le entrego la marchita flor para que la colocará debajo de su almohada y lo recordara. Al estar en lo más alto del firmamento de un bostezo el chiquillo despertó y a lo lejos escuchó los últimos acordes de la suite de Holst.

 

Walfred Rueda Medina (CDMX, México, 1975) Médico cirujano con especialidad en psiquiatría, originario de la Ciudad de México, con formación literaria en cursos de la Universidad Iberoamericana.

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