Natsume Soseki a 101 años de su muerte

Por Estefanía Arista Palacios

Natsume Soseki escribió una vez una carta a un joven aspirante a escritor en la que decía que el verdadero valor del trabajo literario no se conocía hasta después de cien años. El 9 de diciembre se sumará un año más al ya centenario de su muerte. Hoy es uno de los novelistas más reconocidos en la literatura japonesa y a nivel internacional. Autores como Yukio Mishima y Yasunari Kawabata comenzaron a tener un impacto en Occidente en los años de 1950. Por el contrario, Soseki no sería traducido al inglés hasta muy avanzados los años 70. Y, sin embargo, en Japón, novelas como Kokoro y Soy un gato son aclamadas por la crítica y muy populares –una combinación extraña. Una de sus primeras obras, Kusamakura, publicada en 1906, tiene muy poco de acción y trama narrativa. Soseki la llamaba su “novela haikú”. Pero mientras el personaje va deambulando e interactuando con la naturaleza y los locales de su pueblo, se desenvuelve una prosa que sigue el desorden de pensamiento, que va de un suceso a otro sin aparente lógica, algo que cobraría más popularidad en el siglo XX. Autores como Marcel Proust, James Joyce, Virginia Woolf y William Faulkner son algunos de los cuales se encargarían de que, para el siglo XX, esta técnica ya se hubiera popularizado y asentado. El stream-of-consciousness se distinguiría entonces por el monólogo interior del narrador, que usualmente carece de muchos signos de puntuación e imita los saltos de asociación no nombrados entre un sentimiento, descripción o recuerdo.

Con su novela Soy un gato, Natsume Soseki nos deja ver el interior de la mente de un gato sin nombre que ofrece una alegoría de la era Meiji y una rica, profunda, irónica observación de la vida del hombre. La voz del gato es la de la grandilocuencia, muy semejante a la de un hombre noble y un tanto soberbio, que retrata la vida de su dueño y su familia. Es interesante que Soseki no escoja a un hombre como narrador. Escoge la voz de la conciencia humana a través de un pequeño animal que reflexionará acerca del auge de la cultura occidental y las consecuencias que esto tiene dentro de los valores nacionales. Con esta novela, Soseki se mantiene fiel a su creencia de que un autor no es quien retrata el mundo que le rodea. Al contrario, debe encargarse de retratar el reflejo del mundo que se ha ido transformando por su propia conciencia interna.

Fuentes: Japan Times / The Arts Fuse

 

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