Luis Felipe Lomelí: de la paternidad y la escritura

Entrevista con Luis Felipe Lomelí, profesor de Skribalia Escuela Global de Escritores en Línea.

Por Dulce María Ramón

El escritor Luis Felipe Lomelí contesta por Skype un miércoles por la noche. Su tono es relajado, lo cual da pie a que la conversación sea grata y agradable. En ella nos platica cómo  lleva su tarea diaria como escritor y cómo la compagina con la relación con Alicia, su hija de tres años.

¿Cómo es tu día a día como escritor?

Hay dos formas de comenzar el día. La primera es cuando me levanto antes que todos, entonces comienzo escribir. La otra es cuando no logré levantarme antes que mi hija por lo tanto todo se convierte juego, en darle de desayunar y tratar de salir a tiempo con una huerquilla de tres años al colegio.

Después regreso a casa y hago como que trabajo. De ahí hasta que toca hacer la comida. Te cuento que en el último año a mi esposa le tocó dar clases en la tarde y entonces me quedaba todas las tardes como papá de Alicia, inventando qué hacer con ella en las tardes: ir al parque, dizque enseñarle algo, pero sobre todo jugar, lo cual era bastante divertido.

¿Cambió tu vida la llegada de tu hija, en el oficio de ser escritor?

Si, totalmente. De entrada trabajo una tercera parte de lo que hacía antes de que naciera, pero no me importa. Y por otro lado me dio la profundidad y mayor perspectiva para analizar ciertos fenómenos.

¿Cómo cuáles?

Pasas del estado soy hijo al feliz estado de soy padre, lo cual es un cambio gestáltico total. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con procesos de aprendizaje y de cómo se conforma la mente humana se convierte en algo realmente maravilloso al convivir con un huerquillo en los primeros años de su vida, juegas a ser Jean Piaget un rato. Te das cuenta de cómo van distinguiendo los diferentes sentidos. Y sobre todo te das cuenta de que es imposible ganarles una discusión aun cuando no saben hablar. Otra cosa que está chida y lo viví sobre todo al inicio es que te vuelves menos neurótico. Al saber que no iba poder hacer nada de lo que había planeado en las próximas dos horas, entonces mejor me relajaba y disfrutaba a mi hija.

Tus rutinas de tiempos para escribir cambiaron

En realidad nunca he tenido una rutina de tiempos para escribir. Más bien cuando ya hay una idea de qué es lo que quiero escribir entonces sí, encuentro la forma de hacerme una rutina. Creo que hablar de un horario específico para escribir ocurre cuando tienes un estrato económico muy privilegiado. Para no preocuparte de cómo va a llegar la quincena. Por ejemplo para tener una rutina nocturna tengo que tener un trabajo que no me cause tanto estrés, para llegar lo suficientemente descansado  para ponerme a escribir. Así ocurrió cuando estuve semi a cargo de un laboratorio de fisiología vegetal, donde mi labor era contar células de raíces. Cuando llegaba a casa estaba fresco y tranquilo y ahí sí escribía en la noche. Pero si tienes un trabajo más agotador, la verdad es que llegas a tu casa y caes como tabla y lo que haces es levantarte temprano a escribir. Y si no, pues escribes en el camión, en lo que te trasladas a tu trabajo. O lo haces entre clases. Justamente lo hice con mi librito pasado, cuando no llegaban los alumnos para  darle las asesorías.

¿Tienes algún elemento predilecto para escribir?

Puedo escribir en la libreta o en la computadora, depende del momento. Cuando obtuve una beca en el sistema pude acomodar mi escritorio junto a la ventana donde veía el volcán de frente y era en la computadora donde escribía, todo muy poético. Pero cuando uno tiene chamba y te tienes que mover, ahí sí prefiero la libreta. Así es mucho más fácil ver el estado anímico que tienes y se debe a que no puedes escribir de corrido y te relees y dices, pues esto como que no… o quedó chingón. Con la computadora funciona mejor al ya tener una que ya tienes trabajada y solamente vas a llegar a vaciarla. A veces existen extrañísimos y poquísimos casos en los que, de un jalón, escribes un cuento de veinte cuartillas en dos horas. Pero son más los casos en que escribes un texto quinientas veces y nada más no sale – risas-, ya por ahí, de ocho años encuentras el porqué de la historia.

Si hablamos de libretas, ¿cuáles utilizas?

La verdad es que soy bien fresa, me gustan mucho las libretas Moleskine, son bien bonitas, pero bien caras, y lo peor es que una amiga me hizo el favor de regalarme las primeras, las cuales eran muy delgaditas y podía meter en la bolsa del pantalón y me dejó el vicio. Y si hablamos de plumas pues también, tengo mis preferidas, pero la bronca es que me las acabo a mordidas o peor, las pierdo. Entonces por más que intento tener una pluma morada o azul obscuro, así muy mamón, no lo consigo siempre. Aunque quisiera ser un tanto romántico termino con la pluma que no funciona. 

Tienes algún proceso de corrección

Depende el texto. Pero he aprendido algunas situaciones importantes, una de ellas es no creerle al primer editor que te dice que tu libro está a toda madre, lo más seguro es que no sea cierto. También doy a leer mis textos a la mayor cantidad de gente posible y de preferencia personas de bagajes distintos. Te puedo decir que de los mejores lectores que he tenido han sido huercos de secundaria, porque ellos no tienen pelos en la lengua, y siempre se fijan en los errores causales, la coherencia interna, la lógica. Esto se me hace súper chido. Pero mira, el proceso de corrección es lo que más tarda porque de aquí a que te quitas de la cabeza lo que según tú dijiste para leer el texto es un lío. Después viene una cadena de matices, de pequeñas cosas que debe tener un texto para que se perciba mejor. Y bueno cosas más técnicas en las que no te pones de acuerdo contigo mismo, y puede ser una simple coma que pusiste en la mañana y en la noche que retomas el texto se la quitas. O tienes distintas versiones de un capítulo en un solo día, y dos días después te das cuenta que solamente debías cambiar una frase y ya quedaba a toda madre.

Eres muy exigente con tus textos, entonces.

Pues de preferencia sí. Porque lo que he llegado a publicar sin esta exigencia, me deja el gusanito de que estuvo gacho. Y mira, lo bueno de volverte ruco es que se te va quitando la prisa que tienes a los 23 años de querer publicar en chinga. Con los años escribes con calmita.

¿Qué prefieres, libro electrónico o libro en papel?

Es mejor el libro en papel, sólo requieres un formato para codificar la información. De entrada ésta ya es una ventaja que no tiene ningún soporte electrónico. El tiempo que puede durar un libro en papel, aun del material más económico, es mucho mayor que la vida de cualquier soporte electrónico.

¿Te gusta ir a comprar libros?

No, porque soy como señora deprimida en el Palacio de Hierro, veo el precio de los libros y mejor lo vuelvo a dejar en su lugar. Y  si me dejo llevar por mis impulsos, llego con cierta culpa a casa justificando mis compras a casa –risas-.


*Luis Felipe Lomelí imparte el taller Cómo construir un novela que inicia el 1 de noviembre en Skribalia

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