Genji y Suzuki (segunda parte)

Por Acintlali Vázquez Minor

2. ¿Quién eres en realidad, Genji?

“Escoges una y escoges a la misma. No importa” —Pensó Genji. Ya no era tan emocionante como antes. Regresó a su casa, gracias a que su amigo Suzaku lo había rescatado de ese círculo de chicas.

Genji entró su edificio y caminó en el mismo pasillo donde conoció a su querida vecina. Atravesó unas cuantas puertas después de salir del elevador hasta llegar al Numero 1002, con los caracteres indicando el nombre de la única mujer que realmente se había preocupado por él, Fujitsubo. Aunque no sabía su primer nombre, se imaginaba conversaciones maritales entre él y su vecina. Sonrió débilmente.

Pero al empujar la puerta de su casa, el número 1004, Genji enfrentó su realidad. Una habitación bastante espaciosa y lujosa, bastante iluminada pero con un tono blanco vacío que demostraba el enorme desperdicio de espacio en el que él está viviendo.

Media hora después, Genji había preparado algo para cenar, pero al sentir el silencio de su departamento, decidió visitar a Fujitsubo. Tocó su timbre, y por un momento continuó imaginando su interacción con su esposa imaginaria. Al abrir la puerta, Genji percibió el aroma de su pelo secándose y por la misma loción de baño que lo embriagaba dulcemente desde que la conoció. Fujitsubo abrió la puerta tímidamente y al reconocerlo, lo saludó afectuosamente y lo invitó a pasar.

—¡Nimura-kun!, ya pensaba que algo te había pasado. ¿Cómo has estado? ¿Te ofrezco algo? —Llevaba una bata que apenas escondía sus atributos físicos y que Genji no podía ignorar.

—No gracias, estoy bien. Traje un poco de curry —Dijo Genji y sonrió.

—Ah, ¿es lunes?, discúlpame. Tu padre vino en la mañana y como siempre viene los miércoles, se me olvidan los días.

—Sí —Respondió secamente. “Ese viejo bastardo, ¿qué quiere?”, se preguntó.

—Vino para pagar la renta y preguntar cómo has estado. Se disculpó contigo por no verte, pero ha estado muy ocupado en su empresa,

—Sí —Volvió a responder de la misma manera y empezó a buscar entre los muebles de Fujitsubo para servir la comida que había hecho mientras ella hablaba.

—¿Me estas escuchando, Nimura-kun?

Genji no quiso decir nada. No quería decir nada. Miró hacia el suelo y apretó sus puños. Fujitsubo notó su cambio de humor y se le acercó. Lo abrazó tiernamente y le surruró al oído.

—Te entiendo, has estado solo desde lo de tu madre, pero tu padre se preocupa demasiado por ti, por eso me dejó a tu cuidado Nimura-kun. Me alegro tanto de que estés aquí —Lo abrazó más fuerte. Genji percibió el mismo aroma suave de su querida vecina y cerró los ojos, intentando imaginarse que ella lo consolaba como esposo y no como un chiquillo huérfano.

—¿Puedo quedarme a  dormir? —Preguntó el chico al terminar el postre.

—Claro, sólo déjame prepararte un futon para dormir —Se levantó apresurada la muchacha mientras Genji recogía la mesa.

“Pobre, debe de sentirse solo en ese apartamento”, pensó. “Después de todo, soy como su segunda madre”. Fujitsubo se sonrojó y entonces recordó un pequeño error que había olvidado en la sala. Mientras Genji esperaba a su vecina observaba los libreros de la sala y estudio.  Notó un papel escondido en un libro fuera de lugar. A él le pareció algo raro que un libro estuviera mal acomodado, sobre todo por la obsesión de  Fujitsubo por mantener todo en orden. Al levantar el libro una foto cayó al suelo.

—Genji, ya está tu futon. Asegúrate de cepillarte los dientes antes de dormir —Habló Fujitsubo. Genji levantó la foto y volvió a acomodarla justo como la había encontrado. Miró hacia el suelo y sonrió débilmente como antes.

—Ya voy, gracias.


Acintlali Vázquez Minor es parte del taller de Narrativa del Manga que Eve Gil imparte en Skribalia.

Imagen de Costa 85

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